Mirar la vida con los ojos de un niño

Mirar la vida con los ojos de un niño
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Por muy adultos que seamos deberíamos seguir mirando la vida con los ojos de un niño. Sorprendernos cada día, disfrutar con las pequeñas y grandes cosas. Consiguiendo que las pequeñas sorpresas de cada día las vivamos como grandes y las grandes como extraordinarias. Queriendo hacer amigos, queriendo ayudar a todos, queriendo saber, preguntando lo que no sepamos. Manteniendo la ilusión diaria, despertarnos de buen humor sabiendo que el día presente será un gran día. No enfadarnos por casi nada, y si te enfadas por el casi, que se te pase lo más rápidamente posible, porque un minuto enfadado son sesenta segundos que pierdes de felicidad.

De los niños debemos aprender mucho, debemos recordar que fuimos uno de ellos. Ya lo dijo Paulo Coelho:  “Un niño siempre te puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.”

Si tienes hijos pequeños, dedica un tiempo de tu día a jugar con ellos, a meterte en su mundo. Si no los tienes, tendrás sobrinos o hijos de tus amigos, la cuestión es que te rodees de ellos, que te contagien su alegría, su energía y sus ganas de vivir.

Quizá entonces recuerdes que por muy adulto que seas, aquel niño que fuiste aún está dentro de ti y debemos sacarlo de vez en cuando, para poder sentir, para poder disfrutar como ellos, para poder ver la vida con esa inocencia, con esa alegría y con esa felicidad.

 

 

“Color esperanza”

 

 

 

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